Política

Salimos de la crisis, pero no por las reformas

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Mario Draghi

Como es sabido, hemos recuperado hace unas semanas el PIB en términos absolutos que teníamos antes de la crisis, y ello ha permitido hablar con fundamento de “década perdida”. Con desparpajo y al unísono, tanto el Gobierno español como la Unión Europea y el FMI “celebran” el teórico final de la crisis pasando de puntillas sobre el gigantesco lucro cesante que hemos padecido –hemos dejado de crecer entre 15 y 20 puntos del PIB en este periodo y hemos mandado a más de una generación a la indigencia— y repitiendo la cantinela de que si estamos saliendo al fin de la catástrofe es por las reformas efectuadas: reforma laboral con desregulación inclemente del empleo y pérdida de derechos laborales, facilidades fiscales a las empresas y rescates bancarios a fondo perdido (es decir, a escote de los españoles).

Ya es hora de decir, frente a esta interpretación voluntarista de la realidad, que puede plantearse otra diametralmente opuesta, mucho más realista y veraz, como es la sugerida por el catedrático gallego de la Universidad de Barcelona Antón Costas, una de las mentes más prestigiosas del país, en un artículo de primeros de agosto: en lugar de exultar de gozo por este pretendido retorno a la normalidad, que está aún lejos de haberse producido, podría decirse, seguro que con más fundamento, que la década perdida es consecuencia de hablar aplicado tales reformas, que son las que han lastrado y a la postre impedido la recuperación a plazo mucho más corto, a la vez que incrementaban la desigualdad y la pobreza.

Explica Costas que ya se ha forjado un consenso académico entre la mayoría de los economistas sobre el hecho de que esta crisis europea, como la latinoamericana de los años ochenta, ha tenido mucho que ver con las terapias equivocadas que se han aplicado. Y el prestigioso profesor cita un trabajo de un reconocido experto en políticas de desarrollo, el economista de Harvard  Dani Rodrick, “La elusiva promesa de las reformas”, en el que se mantiene la tesis de que las políticas restrictivas que afectan a los ingresos y al futuro de los hogares aplicadas en épocas recesivas no sólo no funcionan sino que agravan el problema. Y la realidad es que el retorno al crecimiento de España, Portugal y el conjunto de la eurozona se ha debido, no a las políticas de austeridad, sino a las políticas monetarias expansivas del Banco Central Europeo, implementadas por Mario Draghi con un ímpetu cercano al heroísmo ante la desconfianza de todos los líderes conservadores de Europa. Obviamente, si las cosas son de este modo, Bruselas estaría cometiendo un crimen al mantener la presión sobre los países que intentan salir a la superficie a respirar (Grecia, sobre todo), tras tanto tiempo de depresión y malestar.

Pero además –prosigue Costas, cuyo lenguaje y talante moderados no ocultan la rotundidad de sus tesis—, el error cometido no ha sido inocuo, puesto que ha producido daños en alguna medida irreparables. Y cita dos de ellos: por una parte, el crecimiento conseguido se ha desconectado del progreso social, de forma que «muchos de los nuevos empleos producen ‘trabajadores pobres’. Y la desigualdad y la pobreza se han disparado». Y en segundo lugar, «las reformas injustas han traído el populismo», tanto de derechas como de izquierdas. «La mejor explicación sobre las causas del populismo político, tanto de izquierda como de derecha, es el sentimiento de injusticia y abandono que tienen los perdedores de la crisis».

Costas da aún otro paso en su camino de clarividencia, y a).-niega que en cualquier coyuntura económica haya sólo una única política posible, y b).-sostiene que todas las reformas que se apliquen deben ser democráticas, es decir, contrastadas con la opinión pública.

¿Qué había que haber hecho entonces? Pues aplicar reformas progresistas, tendentes tanto al crecimiento como al progreso social. Y cita, a modo de muestra, la panoplia de medidas de esta índole que enunció hace unas semanas Garicano: universalizar la educación infantil desde los 0 años, extender los permisos de maternidad y paternidad, conceder un complemento salarial a los salarios más bajos, reducir la fiscalidad de los menos favorecidos, aplicar políticas activas de empleo y formación, establecer nítidas normas antifraude laboral y fiscal, etc., etc.

En definitiva, hemos salido de la crisis por la perspicacia de Mario Draghi y por la inercia del propio ciclo global; mientras tanto, hemos padecido sufrimientos innecesarios que han producido rupturas seguramente irreversibles. Y el nuevo mapa político, consecuencia de las pésimas políticas anteriores, no es capaz de generar grandes ilusiones.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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