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Violencia ‘blanda’: el independentismo, a punto de cruzar la barrera de la disidencia legítima

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sentencia. Torra y la violencia blanda

Es llamativo y descorazonador que Quim Torra, presidente de la Generalitat, trate por todos los medios posibles de esquivar cualquier condena a los miembros de los Comités de Defensa de la República (CDR) detenidos cuando se disponían a fabricar explosivos con los que sembrar el caos en Cataluña tras conocerse la sentencia del procès. Cuenta Albert Sáez en El Periódico que aquellos que conocen la trayectoria intelectual y política del president sabían que tarde o temprano terminaría coqueteando con la violencia.

El catalanismo que surgió tras el final de la dictadura se desmarcó rápidamente de Terra Lliure, la organización terrorista independentista que felizmente se disolvió en 1991; lo mismo ocurrió con el independentismo de Québec, que pronto dejó atrás la vía de la violencia para centrarse exclusivamente en la actividad política. Parece, al menos en ciertos entornos del independentismo catalán, que los tiempos de rechazo de la violencia se vuelven difusos con el paso del tiempo. Hay quienes piensan que los conflictos pueden resolverse mediante la imposición forzosa, el menosprecio y el recurso a la amenaza.

El diario El Punt Avui ha servido de lienzo para que Jaume Sobrequés, catedrático de historia de clara convicción independentista, plasmase esa vergonzosa tolerancia hacia una violencia que denomina ‘blanda’, una violencia a la que el pueblo de Cataluña tiene que recurrir, entendiendo que “el concepto de violencia ha tomado formas diferentes a aquella que la inmensa mayoría de gente identifica con la existencia de la lucha armada, con muertos y heridos, con destrucciones materiales irreparables, y también con atentados, ejecuciones, destierros, terrorismo y, en definitiva, con eventos calificados de violentos”.

Violencia ‘blanda, legítima’

Dice Sobrequés, citando al historiador Josep Fontana, que “la historia pone de manifiesto de manera inequívoca que la liberación de los pueblos y naciones oprimidas por un estado colonial ha acostumbrado a ser inseparable del ejercicio de la violencia legítima”. Y aunque es cierto que señala que “las acciones de fuerza han alcanzado a largo o medio plazo resultados liberadores, no pueden ser, a comienzos del siglo XXI, considerados un modelo a seguir”, más tarde propugna por hallar diversas formas aceptables de violencia pacífica.

En concreto, el catedrático sostiene que “delimitar la frontera entre las dos formas de violencia —la que no conviene ni es viable y aquella que contiene el germen liberador— es el gran objetivo no solo de la política catalana de los partidos independentistas, sino también de las acciones masivas impulsadas por las poderosas organizaciones cívicas, que han arraigado con fuerza en la vida cotidiana de Cataluña”.

Sobrequés, quien habla de la violencia del Estado español en forma de deudas, incumplimientos presupuestarios, detenciones de catalanes y encarcelamientos de dirigentes políticos, concluye señalando que, aunque en la historia los acontecimientos de cualquier carácter nunca se repiten de manera mimética, “en el análisis histórico sí podemos encontrar ideas útiles para ejercer esta ‘violencia’ necesaria para lograr nuestros objetivos nacionales. En cualquier caso, aquellas acciones de masas realizadas hasta la fecha, siendo necesarias y modélicas, se han demostrado poco útiles. Han sido más un ejercicio de dignidad colectiva que un instrumento para conseguir la libertad del país. No digo a unos y otros qué tienen que hacer, ni cómo han de activar la nueva ‘violencia’, que impulse un giro de 180 grados a la colosal energía que ha quemado —no diré que en vano— el pueblo catalán en los últimos años. Han llegado los tiempos de la nueva ‘violencia’”.

Los tiempos de la nueva violencia

Estas ocho palabras morderían la conciencia de cualquier ciudadano o responsable político con los pies en el suelo. La postura de Torra respecto a los miembros del CDR detenidos sugiere que el discurso de Sobrequés ha calado en la primera autoridad institucional de Cataluña. Justificar cualquier tipo de violencia, incluso arropándola bajo un oxímoron como el de ‘violencia blanda’ es de una bajeza moral y temeridad sin límites. Mientras, como se ha podido ver recientemente, el acoso a los periodistas de varias cadenas de televisión se multiplica. La violencia no se puede normalizar.

Iberia 350

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