Política

Wilson Fisk, Vox y la ‘marvelización’ de la política

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Wilson Fisk

«’Tenemos lo que nos merecemos’. Es un viejo dicho, uno que ha sobrevivido a los años porque es cierto en su mayor parte. Pero no para todos. Algunos tienen más de lo que merecen porque creen que no son como los demás, y que las normas, aquellas que se aplican a gente como ustedes o como yo, que trabajamos y nos dejamos los cuernos para vivir nuestra vida –solo para vivir–, no van con ellos. Porque pueden hacer cualquier cosa y vivir felices y comer perdices mientras los demás sufrimos».

La sonora grave de Ben Ulrich, un periodista de investigación interpretado en la serie Daredevil (Netflix) por Vondie Curtis-Hall, narraba así al espectador el artículo que estaba redactando para el periódico en el que trabajaba. Su pretendido era desenmascarar a Wilson Fisk (Kingpig). Presentarlo ante la sociedad como lo que era: un villano. Como un ser que manipula, un ser siniestro y cruel que mueve los hilos a su antojo.

Ulrich afirmaba que esas personas operan desde las sombras: «Sombras que proyectamos nosotros. Con nuestra indiferencia. Con nuestra falta de interés generalizada por cualquier cosa que no nos afecte directamente a nosotros, aquí y ahora. O quizá solo sea la sombra del cansancio, de lo harto que estamos, de intentar volver a una clase media que ya no existe por culpa de aquellos que tienen más de lo que merecen. Y siguen acumulando hasta que lo único que nos queda a los demás es el recuerdo de cómo era todo antes de que las empresas y los resultados finales decidieran que ya no importamos».

‘Un lugar mejor’

Pero justo cuando iba a ser desenmascarado, Fisk se adelanta y convoca una rueda de prensa. Es él quien sale a la luz. Es él quien se autoerige como garante del orden, como cordón sanitario del “terrorista enmascarado” (Daredevil) y como hombre benévolo, capaz de sacrificarse por el resto. «Debemos plantarle cara a aquellos que quieren que vivamos con miedo. Me llamo Wilson Fisk y juntos haremos de esta ciudad un lugar mejor», finaliza.

Gente cansada a la que solo le queda el recuerdo. Gente cansada capaz de agarrase a cualquier clavo ardiendo, a cualquier personaje que les brinde esperanzas, aunque pertenezca a una clase social privilegiada que tradicionalmente ha luchado contra sus propios intereses. Quizá los votantes de Vox no sean fascistas, del mismo modo que los ciudadanos llegaron a defender a Fisk sin ser unos psicópatas.

“El signo de los tiempos es el del colapso del bipartidismo”
Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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