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Comedias que son un retrato de la realidad

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Comedias que son un retrato de la realidad 1

En el Festival de Cine de Tribeca siempre se suelen dar cita un importante número de comedias de producción independiente, algunas de las cuales llegan al festival sin acuerdo alguno de distribución y acaban siendo adquiridas por gigantes del streaming tipo Netflix. Si el año pasado la sensación fue My Blind Brother, este año le toca el turno a la comedia The Clapper, un entretenido acercamiento al mundo del sensacionalismo televisivo. Después de la muerte de su esposa, Eddie decide abandonar Queens en Nueva York y empezar una nueva vida en Los Angeles. Allí empieza a trabajar como público asalariado de programas televisivos de éxito. Mientras intenta sobrevivir a su nuevo trabajo en compañía de su amigo Chris, conoce a una interesante chica, Judy, que trabaja en una gasolinera cercana al estudio donde trabajan Eddie y Chris. Judy y Eddie se enamoran pero pronto su relación se ve seriamente comprometida por las apariciones televisivas de Eddie. La imagen de Eddie llama la atención de un productor televisivo sin escrúpulos que la usa, 24 horas al día, para promocionar sus programas sin su consentimiento. Esto le convierte en un fenómeno mediático en televisión y en las redes, hasta el punto de que las apariciones televisivas de Eddie menoscaban la imagen de Judy, que acaba siendo despedida de su trabajo. El argumento, un tanto simplón y manido, sirve al director para trascender la banal comedia romántica y acercarse al tremebundo mundo de la banalidad televisiva. El humorista Ed Helms hace un buen trabajo poniéndose en la piel del atribulado Eddie y en general el espectador pasa una hora y media entretenida. The Clapper es la típica película que Netflix busca para ampliar su catálogo.

Si hay una película que haya fascinado a los programadores del Festival de Tribeca esa ha sido, sin duda, Buster’s Mal Heart, segundo largometraje de la directora Sarah Adina Smith, estrenado en la pasada edición del Festival de Cine de Toronto. Buster’s Mal Heart es un interesante thriller podríamos llamar metafísico, o en palabras de la propia directora, una “oración de una persona atea”. La película nos cuenta la historia de un conserje de un motel en Montana, y de un fugitivo que asalta propiedades en la montaña y que a través de un equipo de radioaficionado anuncia la inminente llegada de una especie de apocalipsis llamado The Inversion, y de un náufrago en medio del mar. Los tres personajes son interpretados por el actor Rami Malek (Mr. Robot), en una interpretación que es de lo más destacado de la película. Esta inicialmente nos presenta a un fugitivo perseguido por la policía, luego a través de un montaje paralelo vamos siguiendo las otras dos historias, cuya única conexión parece ser la de un hombre que parece obsesionado con la idea de vivir en libertad. La película tiene varias lecturas. Un thriller sobre un hombre que pierde a su familia trágicamente, una comedia negra sobre un libertario obsesionado con el fin del mundo, un náufrago obsesionado con escapar, como Jonas, de Dios y su ira. Las tres historias tienen en común ese anhelo de libertad existencial, el vínculo entre milenarismo y falta de perspectivas vitales y una mirada mitad paródica, mitad cínica al libertarianismo que se presenta como antesala de la locura.

Junto a la gran interpretación de Rami Malek merece la pena destacar la labor del director de fotografía de la película quien se ha inspirado bastante en muchos de los planos de la película en el El Resplandor de Kubrick en toda la acción que transcurre en el hotel, en el Barton Fink de los hermanos Coen en el tratamiento del humor negro o en la construcción del thriller psicológico en el Memento de Christopher Nolan. También hay ciertos momentos de surrealismo religioso que recuerdan a algunas películas de Buñuel. Quizás el punto más flojo de la película sea el propio guion, en el que las historias tienen una conexión muy forzada, más visual que narrativa y que demuestran que la película no obedeció en su construcción a una idea unitaria, sino a retazos de varias ideas inconexas. Se trata más de un bosquejo que de un argumento coherentemente construido.

Mucho más interesante como thriller es Super Dark Times, una película que combina diversos géneros con gran maestría. La película empieza con un venado sacrificado en el pasillo de un instituto de educación secundaria de una localidad rural de los Estados Unidos. Se trata de un comienzo muy propio de un film de David Lynch, un poco a lo Twin Peaks. Parece el perfecto comienzo alegórico para una película sobre la violencia adolescente, y el uso de las armas en los Estados Unidos. Sin embargo la película pronto cambia de registro y se acerca a una especie de revival del cine de adolescentes con las hormonas por las nubes tipo John Hughes. Un grupo de jóvenes que pasan su tiempo pensando en chicas, hierba y en alguna que otra gamberrada. Pronto la película vuelve a cambiar de registro y se acerca al drama típico de adolescentes que perpetran un crimen por inconsciencia y que luego tienen que ocultar, generándose desconfianza y recelos entre ellos, tipo Caramelo asesino, Sé lo que hicisteis el último verano, etc. Finalmente la película da otro giro más y acaba convirtiéndose en un slasher con asesino en serie incluido. Precisamente en esa falta de originalidad, de un grupo de adolescentes que matan accidentalmente a un compañero de clase y que tienen que ocultarlo, junto con esa combinación de géneros es donde reside el acierto de la película.

Tras diez días de proyecciones sin descanso, el Festival de Tribeca ha llegado a su fin con la lectura del palmarés. Entre las grandes triunfadoras merece la pena destacarse la coproducción ruso-griega Son of Sofia que tiene como trasfondo el drama de la emigración y que se ha erigido en la ganadora en la categoría de mejor película internacional. En el apartado reservado a las películas extranjeras, la producción helvética The Divine Order, se ha llevado el premio a la mejor dirección. The Divine Order es una película que acerca al espectador a la lucha sufragista en Suiza y que en palabras de su directora (quien recogió personalmente el galardón) está de más actualidad que nunca, debido al auge de los populismos en todo el mundo. Desde la pasada edición, las películas de producción estadounidense tienen su propio galardón, que este año ha sido recogido por la directora Rachel Israel por su película Keep the Change, un drama sobre la historia de amor de dos autistas. El cine en lengua española, lamentablemente muy escaso en este festival, ha recibido cierto reconocimiento con la concesión del galardón al mejor actor en lengua extranjera. Dicho galardón ha sido concedido al actor argentino Guillermo Pfening por su papel en Nadie nos mira.

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