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Dos visiones de la modernidad líquida antes de la clausura del Festival de Toronto

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Dos visiones de la modernidad líquida antes de la clausura del Festival de Toronto 1

TORONTO.- I blodet (In the Blood) es el primer largometraje dirigido por el aclamado guionista danés Rasmus Heisterberg, uno de los guionistas de la serie de TV Millennium. Su primera película tiene un marcado tono nihilista y hedonista que se corresponde con las aspiraciones vitales de la llamada Generación Y, una generación de jóvenes sobradamente preparados, surgidos en el contexto cultural del posmodernismo, y con lo que Lyotard llamada la crisis surgida en occidente del colapso de las utopías comunistas y neoliberales. Las aspiraciones de la Generación Y se corresponderían con las propias de lo que Bauman caracteriza como modernidad líquida, dominada por el consumismo, el hedonismo extremo y la falta de referentes morales sólidos. En este contexto el hombre deviene líquido y cambiante, cambiando de roles, valores, trabajos, identidades sin que existan redes sociales o familiares de contención.

La historia de Heisterberg se centra en dos jóvenes daneses estudiantes de medicina. Simon (Kristoffer Bech) es tan brillante estudiante como hedonista extremo, no duda en probar cualquier droga o empacarse en cualquier experiencia límite que aumente sus niveles de adrenalina. Mantiene una aparente amistad con Knud, interpretado por el actor danés de moda Elliott Crosset Hove. Respecto a Knud, Simon mantiene una ambivalente posición. Por un lado, se muestra protector con respecto a él (lo apoya en los estudios, en lo emocional cuando Knud tiene problemas amorosos etc) y por otro lado siente una profunda envidia hacia él. A diferencia de Simon, Knud parece tener un apoyo sólido en su vida (sus amigos y sobre todo su novia). Ambos toman un curso de medicina infecciosa con el fin de pasar luego seis meses en un hospital del amazonas haciendo prácticas.

Sin embargo, este proyecto tampoco sirve de asidero para Simon. Incapaz de auto-contenerse se va autodestruyendo él mismo y las relaciones en las que se embarca, son tan superficiales como efímeras. La historia recuerda un tanto a la descrita por la novela Historias del Kronen, sólo que situada en un contexto cultural nórdico, caracterizado por un mayor aislamiento social. Quizás lo más brillante de la película sea la construcción del personaje de Simon. Su egolatría e insensibilidad se manifiesta en muchos momentos de la película. Por ejemplo en la relación con los pacientes del hospital donde tiene sus clases prácticas y en algunas escenas donde se embarca en aventuras límite, como peleas en el festival de música de Roskilde o en competiciones peligrosas con sus amigos.

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El montaje es sincopado, típico de videoclip. En la puesta en escena predominan las tonalidades oscuras y los espacios vacíos, escenarios muy adecuados para reflejar la superficialidad de los personajes. Entre los aspectos menos logrados de la película hay que señalar la duración, a todas luces excesiva para el recorrido de la historia o el uso excesivo de la cámara en mano sin estabilizador de imagen, lo que exaspera un tanto al espectador por momentos. Por lo demás es una película bastante correcta.

Vuelve Tom Ford

Otra película que también tiene su punto de mira en la superficialidad y en la canalización de las relaciones humanas es la americana Nocturnal Animals del director Tom Ford (A single man). La película es una interesante mirada hacia las consecuencias de nuestras propias decisiones, que muchas veces no vemos con suficiente perspectiva en su momento, pero que se tornan mucho más determinantes de lo que creíamos cuando las contemplamos desde la distancia del tiempo. Susan Morrow (Amy Adams) es una directora de una galería de arte de vanguardia en la ciudad de Los Angeles. Tiene mucho éxito profesional y está casada con un atractivo y ambicioso hombre de negocios. Sin embargo, no es feliz. Sufre de insomnio, pues se encuentra atrapada en una vida que no es aquella que se imaginó que viviría cuando era joven e idealista.

Todo este conflicto latente sale a flote cuando recibe por correo un libro, que su primer marido va a publicar. Su lectura le hace revivir sus pasadas decisiones y las consecuencias de sus actos pasados. La película recorre la existencia gris e infeliz de Susan y, al mismo tiempo, nos cuenta la historia de la novela de su primer marido Edward (Jake Gyllenhaal). Esta es un truculento thriller donde una familia es asaltada por unos gamberros que secuestran, violan y matan a su mujer y a su hija, mientras el protagonista Tony (también interpretado por Jake Gyllenhaal) adopta una postura contemporizadora y cobarde, como la del personaje de Dustin Hoffman en Perros de Paja.

Posteriormente entra en escena un sheriff tejano, interpretado por Michael Shannon, de expeditivos métodos policiales que le ayuda a encontrar a los asesinos de su familia. La historia es tan brutal y sincera, que Susan no puede dejar de ver en ella una especie de declaración de intenciones de Edward, del sufrimiento que tuvo que pasar cuando Susan lo abandonó por su falta de ambición profesional. El final de la película es un tanto moralizante y previsible. Tampoco se acaba de ver demasiado clara (más allá de una metáfora poco conseguida) la relación entre ser abandonado (por muy desagradable e impactante que pueda ser la experiencia) con ser asesinado, violado y mutilado. Curiosamente, se da la paradoja de la que la historia de ficción que cuenta la novela dentro de la propia película es más interesante y lograda, por su faceta paródica del thriller, que el melodrama de oportunidades perdidas que presenta la trama principal. Lo mejor de la película es la escena inicial que funciona como una especie de metáfora visual de la sociedad hedonista y superficial en la que estamos instalados. En ella vemos una exhibición en la galería de Susan donde una serie de mujeres obesas y físicamente desagradables se contornean sobre unos estrados, mientras imitan las poses sensuales de unas majorettes de high school americano. Curiosamente, se da la paradoja de que aquello que se denuncia en la galería de Susan, es aquello sobre la que ha construido su vida, traicionando así sus anhelos juveniles.

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El buen traidor Lyndon B. Johnson

Rob Reiner, director de aclamadas películas como Cuando Harry encontró a Sally o Algunos hombres buenos ha presentado un interesante biopic histórico sobre la figura del presidente estadounidense Lyndon B. Johnson, LBJ, quien sucedió en la Casa Blanca al carismático John F. Kennedy, cuando éste fue asesinado en Dallas. Se trata de una interesante película para conocer por dentro de los entresijos del partido demócrata americano y su historia en la segunda mitad del siglo XX. Tradicionalmente, en España se asocia el partido republicano con la derecha y el demócrata con la izquierda. Esta es una visión un tanto simplificadora de la cuestión y que en ciertas cuestiones, por ejemplo la de las luchas por la concesión de los derechos civiles para los afroamericanos, presenta un perfil no tan claro.

Tradicionalmente, en materia de segregación racial el partido republicano era más progresista. De hecho, surgió para promover el abolicionismo. El partido demócrata, sobre todo en los llamados estados del sur, siempre se mostró más partidario de las leyes segregacionistas, cuya vigencia empezó a ser seriamente cuestionada en los años 50. Es en ese contexto de división del partido demócrata por la cuestión racial, donde nos sitúa la película. En 1960, durante las primarias demócratas, se enfrentan dos aspirantes. Uno más progresista, Kennedy, partidario de una ley de derechos civiles que acabe con la discriminación de la población negra. Otro, Johnson, un veterano líder demócrata del Senado, que goza de gran prestigio entre sus compañeros demócratas del sur, tradicionalmente contrarios a la aprobación de cualquier ley que cambie el status quo en sus estados.

La nominación la gana Kennedy por lo innovador de su mensaje y por su atractivo mediático. No obstante, Kennedy, consciente de que si quiere aprobar esa ley por los derechos civiles debe unir a todo el partido, ofrece la vicepresidencia a Johnson. Este, ávido de poder y esperando poder suceder a Kennedy en 1968, acepta el encargo. Esto suscita muchos recelos entre los partidarios de Kennedy, especialmente de su hermano Robert (nombrado Fiscal General), quien no entiende que su hermano John busque entenderse con el sector racista de su partido. Aquí reside uno de los momentos más interesantes de la película, el del enfrentamiento entre dos formas de entender la política. Una, la idealista, representada por Bob Kennedy. Otra, más pragmática, la que busca unir al partido pero que es consciente de que el cambio es inevitable, la representada por Johnson, interpretado por el actor Woody Harrelson.

La película refleja con gran precisión y crudeza las interioridades de la Casa Blanca, los compromisos de la política y las traiciones que esta muchas veces comporta. La película presenta a Lyndon Johnson como el buen traidor del partido demócrata, el que hizo posible que el legado de Kennedy se tradujera en leyes que garantizasen la igualdad de derechos. Para ello, no dudó en desdecirse de sus anteriores opiniones y en enfrentarse a sus antiguos valedores dentro del partido demócrata. En definitiva, LBJ es una fiel recreación histórica de hechos acaecidos entre las elecciones primarias demócratas de 1960 y la elección de Johnson como trigésimo sexto presidente de los Estados Unidos. Destaca sobremanera por lo cuidado de la puesta en escena, así como la brillante interpretación de Harrelson, muy bien caracterizado también en su presentación del personaje.

Final de las proyecciones

La 41 edición del Festival Internacional de Cine de Toronto ha llegado a su conclusión. Un festival que cada año crece más y bate records absolutos de públicos en las salas del Scotia Bank Theater, el Prince of Wales y el TIFF Bell Lightbox. A diferencia de lo que ocurre en otros festivales de cine, donde la asistencia de público es bastante anecdótica, en el Festival de Toronto el público, que abarrota las salas tras largas colas soportadas con paciencia infinita, es esencial para comprender la esencia de este festival. Durante los 10 días que dura, los aledaños de la céntrica King Street West se llenan de colorido, actuaciones, alfombras rojas y sobre todo de residentes que tienen, durante estos primeros días de septiembre, la oportunidad de ver de cerca a las grandes estrellas de Hollywood o de acercarse al cine europeo, asiático o africano.

Aunque en la mayoría de sus secciones no es un festival competitivo, el público participa en una votación organizada por el propio festival por la que se otorga una distinción a la película que más ha gustado (Grolsch People’s Choice Award). Durante las 41 ediciones del festival, películas como Carros de Fuego, El Rey Pescador, American Beauty, Doce Años de Esclavitud o El Discurso del Rey se han alzado con el favor del público para luego capitalizar distinciones en los globos de oro y los óscar de Hollywood.

Uno de los colectivos que hacen posible el festival es el de voluntarios, que ayuda en labores logísticas a la organización. Desde labores de coordinación de las múltiples proyecciones, asistencia e información a la prensa acreditada y al público, hasta reparto de publicidad sobre los eventos del festival. Todo esto contribuye a la especial vinculación del festival con la ciudad, hasta el punto de que la mayoría de la financiación del mismo procede aportaciones de los propios socios del festival, que en contrapartida por las donaciones organiza proyecciones, eventos y conferencias sobre cine durante del resto del año. También es costumbre que se proyecte, de forma totalmente gratuita, la película favorita del público en el famoso teatro de la ciudad, el Roy Thomson Hall. Este año la película galardonada con el premio del público ha sido La La Land.

FOTO SUPERIOR: Fotograma de ‘LBJ’.

FOTO INTERIOR 1: Fotograma de ‘In the blood’

FOTO INTERIOR 2: Fotograma de ‘Nocturnal Animals’. Imágenes courtesy of TIFF.

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