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Lo último de Fuqua y Jarmusch abre el Festival de Cine de Toronto

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Lo último de Fuqua y Jarmusch abre el Festival de Cine de Toronto 1

TORONTO.- El Festival de Toronto (TIFF) forma parte de la clase A de festivales de cine según la asociación de críticos Fipresci junto a Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián. En esta edición (8 al 18 de septiembre de 2016) se proyectan 370 películas. Es un festival no competitivo con varias secciones, aunque el público vota la película que más le ha gustado. Las secciones van desde los grandes estrenos de la temporada a películas de directores consagrados que ya se han exhibido en festivales europeos. La otra gran característica del festival es el gran apoyo local con el que cuenta, con récords de asistencia y gran cantidad de voluntarios y actividades populares en las cercanías de su sede, en la céntrica calle de King Street West, en el corazón financiero de Toronto, capital de la provincia de Ontario, centro económico del país y sede de muchas productoras independientes. De hecho, Toronto es considerada la Hollywood del norte.

Durante esta edición, actores de la talla de Denzel Washington, Ethan Hawke, Ewan McGregor o directores como Oliver Stone, Andrea Arnold, Sang-il Lee, Wim Wenders o Walter Hill, por citar algunos, se pasarán por el certamen presentando algunas de sus últimas películas (Snowden, The Magnificent Seven, American Pastoral) o participando en los famosos paneles de expertos, donde se debate sobre cuestiones relativas a la industria del cine. Este año, las consecuencias para el cine británico del Brexit, las complejidades legales de las coproducciones o la difusión online de las obras de los jóvenes creadores son algunos de los temas escogidos.

En el primer día de festival había una gran expectación entre la crítica por ver el pre-estreno mundial del nuevo remake del clásico del western: Los Siete Magníficos, dirigido por el experto en películas de acción Antoine Fuqua (Training Day, Asesinos de Reemplazo, Shooter…). Se trata de la revisitación de un célebre clásico del western de Hollywood que fue objeto de una primera adaptación al cine en 1960 bajo la dirección de John Sturges y que contó con un reparto estelar (Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, James Coburn…) a la que luego seguirían sucesivas secuelas y adaptaciones televisivas.

Hay que destacar que la película de Sturges era ya en su momento una adaptación para el público americano de una de las mejores películas de la historia, Los Siete Samurais del director nipón Akira Kurosawa. La historia original plantea la eterna alegoría de la lucha del débil, encarnación del bien, contra el fuerte y poderoso que hace de la injusticia la lógica de su acción. En concreto, se trataba de un grupo de empobrecidos campesinos japoneses, quienes en el contexto del Japón feudal se ven acosados por una horda de bandidos sin escrúpulos. Siguiendo el consejo de un anciano del pueblo, deciden contratar a un grupo de mercenarios samurái para que los defienda. Lo que inicialmente era una transacción pecuniaria deviene en una lucha por la defensa de un sentimiento de fraternidad con los más débiles. Hollywood vio en seguida las posibilidades comerciales de la historia y la transformó en un western situado en los confines de una aldea pobre mexicana.

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Más allá de su discutible calidad cinematográfica (hay western mejores que tienen un trasfondo parecido como Río Bravo o El Jinete Pálido), lo que es innegable es que la película se convirtió en un icono dentro del propio género, a lo que contribuyó en buena medida la épica y archiconocida banda sonora a cargo de Elmer Bernstein. Fuqua se enfrentaba al reto de revisitar un clásico, tarea nada sencilla, en un momento en que los remakes parecen ser la última estrategia comercial de Hollywood para llenar las salas de cine. La película se mantiene en lo básico fiel al relato del que parte, aunque establece algunas diferencias de localización y de contexto sociocultural de lo más interesantes. A diferencia de la película de Sturges, la acción ya no se sitúa en México, sino en Estados Unidos durante la fiebre del oro, cuando un grupo de mineros son acosados por un terrateniente mafioso con buenas influencias en el gobierno.

La diferencia de localización tiene bastante que ver con esa obsesión que se ha apoderado de Hollywood de ser políticamente correctos y no difundir visiones “etnocentristas” que pueden ofender a colectivos o grupos raciales. Este hecho también tiene su traducción en el diseño del grupo de pistoleros que acompañan al protagonista, Denzel Washington. En la nueva versión de Fuqua el grupo de los siete pistoleros está comandado por un pistolero negro (Washington), secundado por un grupo muy variopinto que comprende incluso un indio comanche (Martin Sensmeier). La película discurre por los derroteros clásicos del género (grandes planos generales, reminiscencias al spaghetti western….) pero añade la maestría especial de Fuqua en el manejo de las escenas de acción, tan trepidantes como icónicas para el amante del género, con guiños indisimulados a Leone, Eastwood y los grandes directores del género, sobre todo en su parte final, donde nos encontramos con una inmolación del grupo de pistoleros, al estilo de Peckinpah. La inclusión de una cinta como esta en el certamen obedece a esa tendencia que tiene el festival de ser tanto escaparate del cine recién salido de Hollywood, como de otro de corte más de autor y europeo.

Poeta y conductor de autobús

La otra película que se esperaba con bastantes expectativas es Paterson, la última película del director estadounidense Jim Jarmusch, ya proyectada durante el anterior certamen de Cannes pero que tiene su premiere para el público norteamericano en el Festival Internacional de Toronto. El cine de Jarmusch es un cine para americanos pero realizado desde una perspectiva no americana y donde el cuestionamiento de las propias señas de identidad de lo americano es una de sus premisas. La película cuestiona uno de los grandes mitos asociados a la imagen de los Estados Unidos: la de ser un país de gente inculta, insustancial y alejada de cualquier veleidad artística.

En este caso, se trata de la historia de un conductor de autobús, Paterson (Adam Driver), que lleva una existencia aparentemente monótona e insustancial en una pequeña ciudad de Nueva Jersey con la que comparte nombre. Su vida se reparte entre conducir su autobús y escribir pequeños poemas que luego no se atreve a compilar. Muchas veces surgidos de la interacción con personajes de lo más variopintos de su ciudad o de su relación con su excéntrica novia, dedicada a perseguir, infructuosamente, una carrera artística como diseñadora, música country o pastelera de últimas tendencias. Se da la curiosa contradicción de que Paterson, quien de verdad tiene talento para la poesía, consagra su vida a intentar complacer las aspiraciones artísticas de su pareja, quien en realidad no tiene talento alguno, sacrificando sus propias aspiraciones por ello.

Cuando, tras un accidente doméstico, se pierde la obra poética de Paterson, este entra en una crisis personal que sirve a Jarmusch para plantear una hipótesis puramente derridiana sobre el estatus del arte y su relación con el autor. En definitiva, sobre si el arte no sería más una actitud frente a la realidad que un resultado creativo determinado. La película está narrada desde planteamientos que combinan realismo poético con ciertos toques de humor, destacando en lo formal el uso que hace Jarmusch de los fundidos y encadenados para resaltar el lirismo de las poesías de Paterson, las cuales aparecen inscritas en la pantalla.

El carácter cinéfilo de Jarmusch aparece durante la película con referencias a clásicos del terror de la Universal o a la película de Hitchcock Frenesí, en lo relativo a las conversaciones de la pareja durante las comidas un tanto avantgarde que prepara ella y con cuyas habilidades culinarias, bastante deficientes, tiene que condescender él. Un poco como le ocurre al inspector de la película de Hitchcock con su esposa. Sin llegar a igualar las mejores de Jarmusch (Extraños en el paraíso, Mystery train o El Camino del samurai), la cinta es una propuesta bastante interesante. Jarmusch consigue sorprender al mismo tiempo que hacernos reflexionar sobre el carácter poético de la cotidianidad.

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