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Relaciones internacionales, lucha contra el negacionismo del holocausto y un fascinante musical en el Festival de Toronto

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Relaciones internacionales, lucha contra el negacionismo del holocausto y un fascinante musical en el Festival de Toronto 1

TORONTO.- Boundaries (Pays), el segundo largometraje de la directora canadiense Chloé Robichaud, es una comedia satírica que se adentra en el complejo mundo de la política internacional, dominado por la Realpolitik que desafía en muchas ocasiones nociones éticas fundamentales como son la justicia o el respeto del medio ambiente. La acción se sitúa en el contexto de una hipotética negociación de un tratado internacional comercial entre Canadá y un ficticio estado, Besco, situado en la península de Labrador. Robichaud pretende utilizar las posibilidades de la comedia de situación para ridiculizar la visión dominante de las relaciones internacionales, donde los grandes estados, las multinacionales y los grupos de presión convierten a los políticos y a los diplomáticos en meras marionetas, cuyos hilos los mueven otras instancias ajenas. Al mismo tiempo, pretende ofrecer un retrato más humano y real (de carne y hueso) de los actores de la política internacional, que también tienen debilidades, sentimientos y frustraciones.

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La acción comienza cuando una delegación del Gobierno canadiense, presidida por su ministro de Medio Ambiente y al que acompaña una joven becaria, idealista e inexperta, visita el ficticio y pequeño país de Besco, cuyos recursos mineros pretende explotar Canadá a través de una multinacional. Para facilitar las negociaciones, ambos países acuerdan contar con la colaboración de una mediadora internacional, que está atravesando un momento personal complicado por causa de un divorcio reciente. Del lado de Besco, su ministra de Finanzas lleva una negociación en la que tiene que equilibrar dos objetivos contradictorios: proteger los recursos naturales de su país de los peligros medioambientales derivados de la explotación de sus recursos naturales y, al mismo tiempo, garantizar que la inversión se lleve a cabo y logre paliar los efectos devastadores de una reciente crisis económica. Las negociaciones se tuercen cuando entran en escena los intereses espurios de la multinacional y esta empieza a presionar al ministro canadiense con no apoyar la campaña de su partido en las próximas elecciones.

El argumento en principio parece prometedor pero la película resulta fallida por varias razones. La primera es que la puesta en escena no es nada convincente y se encuentra lastrada por la falta de medios de la película, los cuales la directora no logra suplir con un caracterización más realista y compleja de los personajes, excesivamente caricaturizados en sus roles arquetípicos. El representante de la multinacional está tan estereotipado (hasta físicamente resulta desagradable), los políticos tienen una personalidad tan plana que al final la película resulta fallida en sus objetivos iniciales y deviene en una comedia bastante banal y prescindible. Lo más interesante de la misma al final resulta el propio paisaje de la península de Labrador, donde supuestamente se sitúa ese ficticio estado de Besco. Mucho más interesante hubiera resultado que la directora hubiera propuesto una analogía en las relaciones de Canadá con su provincia de Quebec, pero hasta en este punto Robichaud ha querido resultar políticamente correcta y ha optado por obviar las tensiones internas de Canadá, presentando a unos políticos canadienses completamente bilingües y ningún atisbo de fractura política o social en su país. La segunda razón es que las situaciones cómicas casi brillan por su ausencia, resultando demasiado forzadas e incoherentes con la trama. Todo ello convierte Boundaries en una película más de relleno de festiva

Expectación de la crítica

Había una gran expectación entre la crítica por ver la película Denial del director Mick Jackson (Temple Grandin), una adaptación de la novela del mismo nombre y que relata la dura batalla legal que sostuvo la historiadora Deborah Lipstadt contra el revisionista del holocausto David Irving. La verdad es que la película no ha defraudado en absoluto, mostrando con gran maestría la dura batalla legal vivida en los tribunales británicos por preservar el legado de la shoah. Durante los años 90, el controvertido historiador revisionista del nazismo David Irving emprendió una batalla legal contra la historiadora norteamericana Deborah Lipstadt, autora de un célebre libro contra la historiografía revisionista del holocausto nazi, que le llevó a denunciarla por difamación. Según las normas procesales inglesas en materia de injurias, hay una inversión de la carga de prueba y debe ser el demandado, en este caso Lipstadt, quien pruebe la inexistencia de libelo. La película narra con bastante detalle el proceso legal seguido por Lipstadt, cuya editorial Penguin decide apoyarla y para ello contrata al famoso abogado de la princesa Diana de Gales.

El papel de Lipstadt lo encarna con gran solvencia la actriz británica Rachel Weisz, que exhibe una dicción neoyorquina perfecta durante toda la película, al mismo tiempo que interpreta a la perfección la perplejidad de Lipstadt al confrontar las tradiciones legales inglesas, que le resultan un tanto sorprendentes. El título de la película hace referencia a una doble negación. Por un lado, la del holocausto por parte de Irving, un pseudo historiador, autor de varios libros exculpatorios de Adolf Hitler y claramente antisemitas, que busca la máxima notoriedad para sus tesis negacionistas a través de la publicidad del juicio. Por otro lado, a la negación de sus propias creencias que tiene que hacer Lipstadt para ganar el juicio. Inicialmente, ella quiere plantearlo como un acto de desagravio y de reparación para las víctimas del holocausto, pero por recomendación de sus asesores legales decide jugar el juego de Irving y limitarse a probar que las afirmaciones de Irving no se fundan en hechos ciertos y probados. La película discurre por los derroteros clásicos del melodrama judicial, mientras presenta con gran acierto la psicología de los diversos personajes.

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Lipstadt es una profesora universitaria de orígenes judíos quien ha consagrado su vida a combatir las mentiras sobre el holocausto, que solo buscan perpetuar el odio hacia su pueblo. Irving, interpretado por el actor Timothy Spall (Mr Turner, El discurso del rey) es un megalómano y racista que busca relevancia mediática para ser considerado un historiador serio por la historiografía dominante. Tom Wilkinson (Michael Clayton, En la habitación) encarna al abogado que presenta el caso, cuya profesionalidad y dedicación origina algunos conflictos con Lipstadt, más partidaria de que prevalezca la verdad sobre la historia del holocausto que de la absolución. Las sólidas interpretaciones convierten a la película en una seria candidata a recibir varios premios importantes a lo largo del año.

Aplausos para La La Land

La nueva película La La Land, del joven y prometedor realizador estadounidense Damien Chazelle, cuyo thriller musical Whiplash le valió un reconocimiento generalizado, fue recibida con aplauso tanto en el festival de Venecia (donde tuvo el honor de abrir la sección oficial), como en Toronto. La película rinde un homenaje al cine musical de los años 50 y principios de los 60. Es una fascinante comedia musical llena de talento cinematográfico. La La Land es una cinta destinada a marcar un antes y un después en la carrera de Chazelle, que demuestra tanto un conocimiento muy profundo de la tradición del cine clásico de Hollywood, como una mirada muy personal de géneros clásicos de Hollywood como son el musical, la comedia o el melodrama. Todo resulta fascinante en la película, desde sus corales números musicales, donde la influencia del Robert Wise de West Side Story está muy presente, hasta su mirada nostálgica de las oníricas coreografías del musical de los 50 (Stanley Donen, Vincent Minnelli, Blake Edwards), sus movimientos de cámara que imitan los de los grandes producciones en cinemascope de los 50, su hipnótica fotografía o la transición de los planos, que se mueve dentro de los parámetros de la tradición del Hollywood más clásico.

La puesta en escena es prodigiosa y explora todas las posibilidades narrativas del musical, un género muchas veces minusvalorado y que Chazelle se encarga de reivindicar en todo su esplendor. El guión responde a los cánones del melodrama musical. Es la historia de una pareja formada por dos perdedores, Sebastian (Ryan Gosling) y Mia (Emma Stone), cuyos destinos se entrecruzan casualmente. Viven una intensa historia de amor que transcurre paralela al desarrollo de las diversas estaciones del año. Sebastian es un frustrado músico de jazz, amante de los pianistas clásicos como Thelonious Monk o Bill Evans, cuyo éxito profesional se ve comprometido por su fidelidad a la pureza del jazz más clásico, hoy en día en declive. Mia es una actriz que sobrevive como camarera mientras espera poder cumplir su deseo de triunfar en los escenarios. El curso de sus vidas cambia cuando se conocen y se enamoran, hasta el punto de querer cambiar los aspectos más grises de sus existencias por la incertidumbre de sus propios sueños. Todo funciona hasta que Sebastian encuentra un trabajo como músico de sesión de un grupo de free jazz y traiciona sus ideales, lo que había servido de cimiento a la relación entre ambos.

El argumento responde al esquema clásico del melodrama clásico hasta que Chazelle le imprime un giro al final a la historia que le permite la cuadratura del círculo: renunciar al final feliz previsible sin traicionar la esencia del cine clásico que demanda el triunfo de lo onírico en una estructura narrativa predeterminada. La cultura del jazz, muy presente en su anterior película, sigue también estando muy presente en toda la película. Su uso de la comedia como contrapunto de las situaciones dramáticas y como catalizador de los números musicales es muy lograda, favoreciendo que el espectador se enganche a un género, el musical, donde la verosimilitud es muy difícil de lograr. La La Land dará mucho que hablar en los próximos meses, sin duda.

FOTO SUPERIOR: Fotograma de ‘La La Land’.

FOTO INTERIOR 1: Fotograma de ‘Boundaries’.

FOTO INTERIOR 2: Fotograma de ‘Denial’. Imágenes courtesy of TIFF.

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