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Universal e intemporal, Slava’s Snowshow se posa y cuaja en los Teatros del Canal

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Universal e intemporal, Slava’s Snowshow se posa y cuaja en los Teatros del Canal 1

¿Teatro? ¿Circo? ¿Poesía? ¿Mímica? Qué más da. A Madrid ha regresado Slava Polunin, considerado uno de los mejores clowns del mundo en activo. Su espectáculo, Slava’s Snowshow, que lleva dos décadas representándose por todo el mundo y ha obtenido premios como el Laurence Olivier Award británico, llegó el pasado miércoles a la Sala Roja de los Teatros del Canal, donde permanecerá hasta el próximo 9 de octubre. Un montaje al que universaliza su lenguaje. Un show que supone una breve vuelta a la infancia de los espectadores, a cámara lenta –algo especialmente meritorio en la sociedad de ritmo alocado en la que vivimos–, del que disfrutar con embeleso y que suma más de 6.000 funciones.

Polunin, ese buen esteta ruso nacido en 1950, pionero en la experimentación circense –es uno de los autores de Alegría, del Circo del Sol–, admirador de Chaplin y de Marceau y hombre renacentista por la variedad de disciplinas artísticas que ha abordado, aparece en escena tras una nube de humo rojo y comienza a moverse con dificultad mientras arrastra una soga, que incluso se coloca al cuello. Falsa alarma. Cuando decide recogerla, aparece al final otro como él, que toma el relevo del creador ruso para protagonizar la primera parte del espectáculo.

Foto: Veronique Vial. Imagen superior: V. Mishukov

Foto: Veronique Vial. Imagen superior: V. Mishukov

Desde el principio, sobresale la música –con canciones en varios idiomas– y la delicada iluminación, sin olvidar un colorista y muy logrado vestuario. En lo dramatúrgico, destaca la escena del naufragio, tras la lluvia y las olas de un mar embravecido en el que aparece un simpático tiburón. Porque los toques de humor salpican los sketckes y los llenan de ternura. Lo mejor, sin embargo, está por llegar: la lírica y la sugerencia de las escenas entre los dos clowns amarillos: maestro y discípulo. Poco después, Polunin, con maletas y sombrero, se transforma en una pintura de Eduardo Úrculo que cobra vida. Elementos muy básicos y hasta minimalistas, fenómenos naturales muy bien creados… Sencillez y poesía.

Y, de repente, la apoteosis final: una tormenta de nieve que atraviesa al payaso, colocado en el centro del escenario, e inunda todo. El público, que interactúa en determinados momentos durante la pieza, se lo pasa bomba con unas pelotas gigantes de colores que dan el adiós al show de la única forma posible: con altos niveles de estética y de fotogenia. Un rato antes, todo el patio de butacas se había cubierto con una tela de araña guiada por las manos de los espectadores. Se echa en falta, eso sí, una mayor hilazón entre las diferentes escenas, una historia que de manera transversal enhebre la obra, una suerte de continuidad narrativa que hubiera dotado de mayor encanto a una propuesta que, no obstante, disfruta una audiencia muy heterogénea.

Creador: Slava Polunin

Directores: Slava Polunin y Viktor Kramer

Intérpretes: Artem Zhimo, Aelita West, Yury Musatov, Chris Lynam, Dima Merashchi, Bradford West, Francesco Bifano, Alexandre Frish

Escenografía: Viktor Plotnikov y Slava Polunin

Vestuario: Slava Polunin

Sonido: Rastiam Dubinnikov y Slava Polunin

Producción: Vanya Yaropolskiy, Asterix Sakhalov, Alexander Iakovlev, Rastiam Dubinnikov y Eerika Ilmonen

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