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‘Snowden’ y ‘American Pastoral’ cuestionan el sueño americano en la tercera jornada del Festival de Toronto

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'Snowden' y 'American Pastoral' cuestionan el sueño americano en la tercera jornada del Festival de Toronto 1

TORONTO.- La tercera jornada del festival de cine de Toronto ha girado en torno a dos películas que tienen en común una mirada crítica sobre el fin del llamado american dream, sobre el que se ha sustentado el imaginario colectivo norteamericano desde que el historiador James Truslow Adams teorizara sobre la igualdad de oportunidades inherente a la cultura americana. Ambas películas (Snowden, American Pastoral) difieren, eso sí, en el diagnóstico de las causas del declive del sueño americano. American Pastoral es el debut en la dirección cinematográfica del famoso actor Ewan McGregor (El beso de la serpiente, El sueño de Casandra, La guerra de las Galaxias) quien se encarga de llevar a la gran pantalla el clásico del escritor Philip Roth del mismo título.

La novela se centra en algunas de las obsesiones del escritor de Newark, como pueden ser los problemas de integración de los judíos o el deterioro de las relaciones personales en el contexto de la generación inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. En concreto, se trata de explorar el papel que el denominado marxismo cultural ha tenido en la pérdida de vigencia de valores americanos clásicos, como la familia o los valores sociopolíticos sobre los que ha descansado la democracia americana. Una de las señas de identidad de la New Left, surgida de los movimientos contraculturales de los 60, ha consistido en hacer suya la reflexión del pensador marxista italiano, Antonio Gramsci, de que el sistema capitalista se sustenta más que en una arquitectura institucional, en un conjunto de valores que el marxismo debería subvertir. Para ejemplificar su análisis, Roth se vale del personaje de Seymour Swede Levov, prototipo del padre de familia judía acomodada de Newark (New Jersey), cuya caída a los infiernos es narrada por Roth con gran maestría literaria.

Trasladar al cine el estilo literario de Roth, basado en gran medida en el monólogo íntimo y en la sátira descarnada, no era tarea fácil. No obstante, McGregor consigue facturar una película muy aceptable. La historia más o menos se mantiene fiel al texto literario, con ciertas libertades creativas, y es el propio McGregor, que inicialmente no iba a dirigir la película, el que se encarga de protagonizar al personaje de Swede, un ejemplar padre de familia que ve sucumbir todo en aquello en lo que creía cuando su hija Merry, interpretada por la actriz Dakota Fanning (Yellowbird, La noche se mueve), empieza a flirtear con ideas políticas radicales, cercanas a los planteamientos de los panteras negras y otros grupos políticos contrarios a la política americana de finales de los años 60. La película comienza exactamente como lo hace la novela de Roth con la presentación del personaje de Swede, el hijo perfecto que toda madre querría para su hija, a través del diálogo que mantiene un antiguo compañero de instituto de Swede, Nathan Zuckerman (David Strathairn) con el hermano de Swede y en la que le hace saber los trágicos sucesos que acontecieron en la vida del otrora talentoso y brillante compañero de clase. A partir de ahí, por medio de un flashback que ocupa la mayoría de la duración de la película, asistimos a la narración de acontecimientos de la vida de Swede, desde su inicial matrimonio con una judía, interpretada por la actriz Jennifer Connelly, pese a la oposición de su padre, hasta los primeros conflictos con su hija Merry, cada vez más influenciada por las ideas radicales izquierdistas que alimentan su resentimiento social y la convierten en una terrorista dispuesta a matar por la utopía en la que cree.

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La película destaca por las sólidas interpretaciones de sus protagonistas principales, sobre todo Dakota Fanning, quien es capaz de trasmitir con diáfana claridad todo el rencor acumulado por su personaje, Merry, contra sus padres. Un resentimiento basado en el odio hacia quienes ella ve como exponentes del capitalismo: un sistema en su opinión injusto y perverso. La película destaca las influencias de pensadores freudomarxistas, como Wilhelm Reich, tuvieron en el arraigo entre la juventud americana de dichas ideas. La radicalización creciente de Merry parece apuntar a la influencia ejercida por su psicoterapeuta, que es contratada para tratar la tartamudez que Merry manifiesta. Según la opinión de su psicoanalista se trata de una manifestación de rechazo a un modelo de familia burguesa y a un conflicto edípico no resuelto con su madre por representar un rol de mujer objeto de éxito. Sobre la base del recelo creciente de Merry se va creando un abismo en el seno de la familia de Swede, que funciona como metáfora de la crisis de la utopía del sueño americano.

Oliver Stone nos ofrece su visión personal del declive del sueño americano en su última película, Snowden, que narra la historia del famoso empleado de la CIA que, abrumado por la política de control de las comunicaciones de los ciudadanos llevada a cabo tanto por la administración Bush, como por la del presidente Obama, decide desertar de su país y denunciar el espionaje del gobierno americano a sus ciudadanos a un grupo de periodistas del diario británico The Guardian en 2013. No es ningún secreto que Oliver Stone mantiene una visión muy crítica con la política de su país desde hace varias décadas y que últimamente se le conoce más como un activista político, que como cineasta. Sin embargo, con Snowden, aun tomando claramente partido por la versión de los hechos del protagonista, reflejada en su libro Time of The Octopus, Stone ejerce sobre todo de cineasta y lo hace con notable maestría, recordando por momentos algunos de sus mejores trabajos como Platoon, El expreso de medianoche o JFK. Si por algo destaca Oliver Stone es por su prodigioso dominio de la narración cinematográfica, por la que es capaz de contar sus historias con un marcado tono de periodismo de investigación, siempre dispuesto a mostrar todos los aspectos ocultos de las historias, muchas veces escondidos tras una apariencia de normalidad, algo que observamos en Snowden en multitud de secuencias que se desarrollan en el interior de despachos ultra secretos, donde los funcionarios de la CIA, dentro de la más absoluta normalidad burocrática, se dedican a espiar, no sólo a potenciales enemigos terroristas, sino a cualquier empresario o ciudadano normal que pueda suponer una potencial amenaza para el político paranoico de turno.

Hay un momento en la película, cuando Snowden empieza a albergar serias dudas sobre la moralidad de su trabajo y sus compañeros se escudan en el puro cumplimiento del deber, en que este les recuerda, muy en la línea de Hannah Arendt, que la maldad muchas veces se oculta en la banalidad más cotidiana y que en los juicios de Nuremberg, no sólo se condenó a jerarcas nazis, sino también a simples funcionarios que cumplían órdenes. Sin duda, la película trasciende los límites de la historia personal de Snowden y supone una denuncia de la política exterior de los Estados Unidos de las últimas décadas, pero también es un excelente retrato humano de un idealista, Edward Snowden, quien es capaz de pagar un alto precio personal por defender aquellos valores en los que cree. El retrato que de Snowden ofrece el actor Joseph-Gordon Levitt (Lincoln) es bastante convincente. Nos lo presenta como un idealista patriota de convicciones republicanas firmes, lo que le lleva a ingresar en el ejército de los Estados Unidos, que tiene que abandonar tras lesionarse de cierta gravedad durante el duro entrenamiento. Llevado por su celo patriótico, ingresa en la CIA en su departamento de inteligencia, donde sus grandes dotes para el cifrado de datos llaman la atención de su oscuro superior (Rhys Ifans), magistral encarnando al maquiavélico jefe de la CIA, quien ve en el candidato perfecto para promocionar dentro de la CIA, aplicando sus cuestionables métodos.

Al mismo tiempo, dos personajes se adentran en la vida de Snowden, que le llevaran a plantearse la moralidad de lo que hace. Por un lado, el veterano agente Hank Forrester, interpretado por Nicolas Cage, quien ha acabado condenado al ostracismo burocrático por no ser demasiado dócil al poder y, por otro, su novia Lindsay Mills, Shailene Woodley, de convicciones liberales y que le apoyará en sus momentos más difíciles, pese a no ser consciente del peligro que corren. Tras participar en varias misiones de espionaje en Ginebra y Japón, Snowden acaba trabajando en un centro de alto espionaje en Hawai, desde donde decide dar el paso y desertar. Quizás la parte más prescindible de la película sea la intervención real del propio Snowden al final de la película, en la famosa videoconferencia que ofreció al mundo intentando defenderse de las acusaciones que sobre él difundió la administración Obama. No aporta nada a la historia, incurre en una innecesaria hagiografía que compromete la autenticidad del relato, añadiendo a la historia un sentimentalismo exagerado.

Marie Curie, The courage of knowledge, de la directora francesa Marie Noëlle, es un acercamiento a la figura de la doble premio Nobel desde una perspectiva que no solo reivindica sus logros como descubridora del elemento químico del radio, sino sobre todo de mujer, en un contexto, la Francia de principios del siglo XX, donde los logros feministas no iban a la par que los descubrimientos de la física. En concreto, la película se centra en la relación que Curie tuvo con el físico francés Paul Langevin, un hombre casado, y sobre la que corrieron ríos de tinta en su momento. La película tiene una factura muy bonita, con una fotografía bastante colorista, donde la plasticidad de las imágenes acuáticas de Marie Curie, metáfora de su anhelo de libertad, destacan sobre manera. Quizás la película peque un tanto de pretenciosidad, lo que le lleva al anacronismo de adoptar una mirada demasiado contemporánea de una época que no es la actual. El anacronismo lastra la fuerza narrativa de la cinta haciéndola caer en un sentimentalismo innecesario. Todo ello deja en el espectador la sensación de haber visto una película que no es totalmente satisfactoria.

FOTO SUPERIOR: Fotograma de ‘Snowden’.

FOTO INTERIOR: Fotograma de ‘American Pastoral’. Imágenes courtesy of TIFF.

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