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Impacto del vehículo autónomo en la movilidad, el territorio y la sociedad (I)

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Impacto del vehículo autónomo en la movilidad, el territorio y la sociedad (I) 1

Por José Manuel Vassallo, catedrático de Economía del Transporte. Universidad Politécnica de Madrid

Hasta hace poco los vehículos autónomos–también denominados vehículosrobóticos, autoconducidos o vehículos sin conductor– habían estado presentes sólo en el ámbito de la ciencia ficción. En los últimos años, desde que Google lanzaraun prototipo de vehículo auto conducido,lo que parecía algo difícilmente imaginable se ha convertido en realidad. Son ya varios los fabricantes de vehículos que están trabajando en programas para producir modelos que se puedan comercializar.

Los vehículos autónomos se caracterizan por su capacidad para desplazarse de manera independiente debido a que disponen de un conjunto de herramientas como el láser, radar, sistema de posicionamiento global, visión artificial, etc. que les permite percibir el entorno que les rodea y tomar decisiones en consecuencia. Tradicionalmente se distinguen cinco niveles de automatización (NHTSA,2013). No obstante, de manera más simplificada, a efectos de políticas públicas, se pueden diferenciar de acuerdo a O’Toole (2014) tres niveles: a) autonomía parcial, en la que el vehículo puede manejar algunas de las funciones tradicionalmente asignadas al conductor; b) alta autonomía, en la que el vehículo puede conducir por sí mismo en la mayoría delas condiciones, aunque puede necesitarla ayuda del conductor el situaciones extraordinarias; y c) autonomía completa, en la que el hombre no toma decisión alguna sobre la conducción.

El objeto de este artículo es valorar el impacto que puede tener el vehículo autónomo en las pautas de movilidad, en la economía, el empleo, la ordenación del territorio y los seguros. El análisis se fundamenta en los trabajos llevados a cabo por un amplio número de expertos en la materia tanto del ámbito académico, como profesional; así como en la opinión del autor de este artículo, basada en su experiencia en el ámbito del transporte y el territorio.

Un cambio de concepto

A lo largo de la historia ha habido invenciones que han cambiado el devenir de la humanidad. En el año 3500 A.C. la rueda revolucionó el movimiento. En el siglo XVII

la máquina de vapor cambió la concepción de la industria y el transporte. Recientemente el desarrollo de internet y su conexión con los smartphones han cambiado radicalmente el modo en el que las personas se comunican y adquieren información. El vehículo autónomo de acuerdo a la opinión generalizada de muchos

expertos es una de las invenciones que revolucionará la humanidad. No obstante, como ha ocurrido con la mayoría de los cambios tecnológicos, la revolución no está tanto en el desarrollo tecnológico en sí, como en las implicaciones que tendrá en el modo en que la sociedad se organiza, se relaciona y entiende su vida.

Algunas pinceladas que muestran el impacto de este cambio de paradigma son por ejemplo el hecho de que el uso de un vehículo no será ya un problema para aquellas personas que no conduzcan bien por dificultades físicas o por razones de edad. Eslóganes como “si bebes no conduzcas” perderán toda su fuerza con la conducción autónoma. El llevar los niños al colegio dejará de ser una preocupación para muchos padres. Disponer de un vehículo en propiedad dejará de ser una opción económicamente rentable para muchas personas debido a la posibilidad de utilizar taxis sin conductor que con la ayuda de las tecnologías de la información y las comunicaciones podrán ser compartidos con otros usuarios. El buscar aparcamiento dejará de ser un quebradero de cabeza. Y como estos, un ingente número de cambios sociales.

Uno de los temas que despiertan mayor interés sobre el vehículo autónomo es cuál va a ser su grado de penetración a lo largo del tiempo. ¿Será fácil pasar de la situación actual a un escenario de completa o casi completa automatización? ¿Cuánto tiempo llevará llegar a la plena adopción de esta tecnología? La Tabla 1 muestra las predicciones llevadas a cabo por Litman (2017), de acuerdo a las cuales la introducción de esta tecnología dependerá de manera sustancial del coste que tenga para las personas. En la medida en que ese coste adicional sobre los vehículos convencionales se vaya reduciendo, debido en gran parte a la estandarización de los sistemas, su penetración se irá haciendo mayor.

De acuerdo a estas predicciones, en el año 2040, la venta de vehículos autónomos representará un 50 % del total, un 30% de la flota y un 40 % de todos los kilómetros recorridos por los vehículos. El hecho del que el porcentaje de kilómetros sea superior a la flota se debe a que se espera que los vehículos autónomos tengan un mayor uso que los vehículos convencionales.

Impacto en la movilidad

En este apartado se analiza el impacto del vehículo autónomo en la movilidad desde una cuádruple perspectiva: el impacto en los kilómetros recorridos por los vehículos; en impacto en la capacidad de las infraestructuras de carreteras y la congestión; el impacto en la competencia con el transporte público tanto en el ámbito urbano como interurbano; y, finalmente, el impacto en la seguridad viaria y la protección frente a incidentes.

¿Aumentará el vehículo autónomo la movilidad de personas y mercancías?

Antes de adentrarse en la respuesta a esta pregunta es bueno entender que una de las consecuencias del vehículo autónomo será previsiblemente que los vehículos de alquiler compartidos (taxis autónomos) resultarán mucho más baratos de lo que son los taxis en la actualidad al desaparecer el coste laboral y poder compartirse más fácilmente con otros usuarios. Esta situación llevará a que a muchas personas no les compense económicamente disponer de un vehículo autónomo en propiedad, lo que implicará previsiblemente que la flota no aumente tanto como el número de kilómetros recorridos; o, en otras palabras, que el número de kilómetros anuales realizado por el vehículo medio sea mayor. Asimismo, es esperable que aumente también la ocupación debido a los beneficios de compartir vehículo. Esta tendencia, a igualdad de condiciones, contribuirá a que la movilidad disminuya.

No obstante, la mayoría de los estudios son favorables a considerar que, a pesar de lo anteriormente comentado, el vehículo autónomo dará lugar a un crecimiento de la movilidad medida en vehículos × km. Esta idea se fundamenta en varias razones. En primer lugar, como se ha comentado antes, los costes del transporte por viaje serán inferiores lo que incrementará la demanda de movilidad tanto de personas como de mercancías. En segundo lugar, personas que antes no podían conducir por edad, salud o no disponer de licencia, podrán usar ahora un vehículo como cualquier conductor. En tercer lugar, los vehículos autónomos llevarán a cabo recorridos en vacío para repostar, aparcar o venir de dejar los niños al colegio. Finalmente, la posibilidad de emplear el tiempo disponible en el vehículo para otras actividades supondrá una menor resistencia a viajar, ya que en el vehículo se podrán realizar actividades de ocio, trabajo, etc.

¿Cómo afectará a la capacidad de las infraestructuras y a la congestión?

El impacto del vehículo autónomo en la capacidad de las infraestructuras y la congestión es otro aspecto que merece un capítulo aparte. Por una parte, como se ha apuntado con anterioridad, existe un acuerdo sobre que el número de kilómetros recorridos aumentará, lo que en principio no es una buena noticia si se pretende reducir la congestión. No obstante, el vehículo autónomo introduce importantes innovaciones respecto a la conducción manual que hacen previsible un considerable aumento de la capacidad de las infraestructuras de carreteras lo que implicaría la posibilidad de acomodar un flujo mayor de vehículos antes de llegar a la congestión. Asimismo, la propia automatización del vehículo permitirá una mejor elección de rutas y una mayor información a los usuarios sobre el momento adecuado en que comenzar sus viajes.

En gran medida, la congestión se explica debido a que, en los momentos en los que el flujo se encuentra muy próximo a la capacidad de la infraestructura, la falta de reflejos de algunos conductores les lleva a frenar antes o con mayor energía de lo que sería recomendable, produciéndose ondas de frenado que reducen la velocidad. Los sistemas de automatización de los vehículos permitirán evitar estos efectos, lo que casi con toda seguridad contribuirá a aumentar la capacidad y, en consecuencia, reducir la congestión en las vías. La investigación llevada a cabo por Davis (2014) concluye que, con sólo el hecho de que un 20% de los vehículos usen el sistema adaptative cruise control, la congestión se reduciría sustancialmente. Los ingenieros de tráfico identifican también como un elemento clave para reducir la congestión el hecho de que los vehículos se coordinen para circular más cerca unos de otros (lo que se denomina platooning), pudiéndose llegar a doblar o incluso triplicar la capacidad de muchas carreteras. No obstante, algunos expertos contemplan también el hecho de que, cuando un pasajero no conduce, estará menos dispuesto a admitir aceleraciones y frenados bruscos, lo que condicionaría la posibilidad de poder hacer maniobras forzadas, limitando consecuentemente la capacidad de la infraestructura, especialmente en ámbitos urbanos.

¿Cómo afectará a la competencia con el transporte público?

Otro de los aspectos que ha despertado enormemente el interés de algunos investigadores es el impacto que el vehículo autónomo puede tener en la competencia con el transporte público tanto en el ámbito urbano como interurbano. Una primera consideración en este sentido es que en el momento en el que altos niveles de automatización estén ya en marcha a un coste razonable, aparecerá el concepto de taxi autónomo que será un híbrido entre el transporte privado y el transporte público. Este apartado, no obstante, se va a referir a cómo va a afectar la irrupción del vehículo autónomo (tanto en su concepto de vehículo particular como en el de taxi autónomo, compartido o no) con el transporte público como se entienden en la actualidad, básicamente autobús y ferrocarril.

Aunque a primera vista no parece que la conducción autónoma pueda tener un impacto muy importante en el transporte público, hay dos aspectos que van a influir de manera determinante en la competencia entre ambos: el primero es que las personas que no conducen van a tener un acceso mucho más sencillo a un vehículo; y, el segundo es que el vehículo particular se va a hacer mucho más económico de lo que lo es en la actualidad. Bösch et al. (2017) muestran de acuerdo a varios estudios llevados a cabo con anterioridad, que el coste del vehículo autónomo puede rondar entre 0,12 y 0,34 euros por pasajero kilómetro, cuando el coste de los taxis conducidos por personas oscila entre 1,15 y 1,73 euros por pasajero kilómetro.

Los valores anteriores se pueden ver reducidos aún más en la medida en que los vehículos se compartan, lo que hará del vehículo autónomo una alternativa que competirá fuertemente con el transporte público. Los valores anteriormente calculados resultan en muchos casos menores al precio a por el uso del transporte público, sin incluir costes subvencionados. Aunque la automatización llegará también al transporte público, reduciendo sus costes laborales, el impacto global en el coste del viaje no será tan grande como lo es en el vehículo privado.

En la medida en que el transporte público utilice adecuadamente su capacidad disponible siempre será más eficiente económicamente que el vehículo privado. No obstante el problema viene de que aprovechar su capacidad de manera óptima resulta complicado en rutas con débil demanda en las que ampliar la ocupación implica reducir la frecuencia de los servicios, haciendo el transporte público una alternativa menos competitiva frente al vehículo autónomo, que además tiene la ventaja frente al transporte público masivo de ofrecer servicios puerta a puerta.

A consecuencia de ello, parece previsible que el trasporte público masivo se quede reducido a líneas con elevada demanda de tráfico —entre grandes ciudades con mucha población o en áreas urbanas muy densas— en las que se pueda aprovechar su capacidad manteniendo frecuencias atractivas. Las rutas de transporte público de débil tráfico están llamadas a su desaparición, lo que redundará en un importante ahorro presupuestario para las Administraciones públicas que no tendrán que subvencionar dichos servicios.

 

 

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