Louise, editora de Atlas Obscura, aterrizó en Alliance, Nebraska, a bordo de un avión de nueve plazas después de hacer escala en Denver. Mientras consultaba el mapa de su plataforma, contó ocho destinos de interés en un radio de hora y media. Dos amigos, sin ponerse de acuerdo, le escribieron por separado para decirle que estaba en medio de la nada. Ella respondió a ambos lo mismo: estaba en medio de algún lugar.
Una semana después, esa anécdota abrió la primera mañana del encuentro interno de Atlas Obscura en Florence, Alabama, en el rincón noroeste del estado donde el río Tennessee traza una curva. La mayoría de los catorce empleados que participaron en el viaje nunca habían pisado Alabama.
El itinerario se construyó alrededor de lugares que no figuran en los circuitos habituales. La primera parada fue Ivy Green, en Tuscumbia, la casa natal de Helen Keller. Allí les guió Keller Johnson-Thompson, bisnieta de la escritora y activista, que habló durante treinta minutos seguidos sobre su antepasada. Alecia Dalessio confesó después que habría escuchado otros treinta. Dan Sobo compró unos marcapáginas para sus hijas con una cita de Keller impresa: las cosas más bellas del mundo no se pueden ver ni tocar, solo sentirse con el corazón. Al día siguiente, la repitió en voz alta ante todo el grupo.
El grupo visitó también los estudios FAME en Muscle Shoals, donde Aretha Franklin grabó en un solo día de 1967 su canción I Never Loved a Man. Comieron bajo un voladizo de roca natural en el Rattlesnake Saloon. Y de noche, bajo la lluvia, se adentraron en el Dismals Canyon, uno de los escasos lugares del planeta donde habitan los Dismalites, larvas bioluminiscentes que tapizan las paredes de las cuevas con una luz verdosa que imita un cielo estrellado.
Kevin Cheek, director de operaciones del Dismals Canyon, guió al grupo a través del bosque en completa oscuridad hasta una fisura en la roca tan estrecha que tuvieron que cruzarla uno a uno, dándose la mano. Antes de entrar, Cheek pidió permiso a las hadas. Nadie supo con certeza si hablaba en serio.
Jacquelyn Blackwell, que nació en Florence y conoce la ciudad de memoria, la redescubrió ese día a través de catorce miradas ajenas y encontró rincones que nunca había explorado. Holyn Thigpen llamó a sus padres desde el aeropuerto de vuelta a casa para contarles el viaje con detalle; sus padres están planificando ahora el mismo recorrido. Daniel McDermon abandonó Florence, según sus propias palabras, casi eufórico. Sara Ewell subrayó que las conversaciones mantenidas en los autobuses y durante los almuerzos tranquilos no habrían sido posibles en una videollamada.
Louise recuerda en su crónica un argumento de Rachel Carson en su libro de 1965 El sentido de la maravilla: los niños se acercan al mundo con una frescura que los adultos aprenden a suprimir, y la única forma de recuperarla es encontrar un compañero, no un maestro, sino alguien que no haya perdido el hábito de preguntar qué es eso.
Con este viaje a Alabama, Atlas Obscura acumula 46 estados visitados en su proyecto de recorrer los cincuenta de Estados Unidos. Quedan cuatro: Idaho, Iowa, Washington y Alaska.

