El gobierno de Colombia tomó la decisión de sacrificar a 80 hipopótamos que descienden de los cuatro ejemplares que el narcotraficante Pablo Escobar introdujo ilegalmente en el país décadas atrás. La medida responde a la amenaza que representa la creciente población de estos animales sobre los ecosistemas locales.
Los cuatro hipopótamos originales, traídos por Escobar a su hacienda Nápoles en el departamento de Antioquia, se reprodujeron sin control tras la muerte del capo en 1993 y el abandono de la propiedad. Sin intervención humana ni depredadores naturales en el continente americano, la manada creció hasta convertirse en la población más grande de hipopótamos fuera de África.
Las autoridades colombianas determinaron que la eutanasia es la vía más viable para frenar una expansión que pone en riesgo la fauna y flora nativas. Los hipopótamos alteran los cuerpos de agua, compiten con especies locales y representan un peligro para las comunidades humanas cercanas a sus territorios.
El debate sobre qué hacer con estos animales se ha extendido durante años entre científicos, conservacionistas y funcionarios. Algunas propuestas apuntaban a la esterilización o el traslado a reservas en África, pero los costos y la complejidad logística llevaron al gobierno a optar por el sacrificio masivo como solución definitiva.

