Hay algo que puede arruinar incluso el día más soleado de agosto: mirar la piscina y descubrir que, de la noche a la mañana, el agua se ha vuelto verde, aunque el primer impulso suele ser pensar que “algo ha caído” o que “es por el calor”, la explicación, como suele pasar, es más técnica… y también más seria.
El agua verde es una señal de alarma y no sólo porque resulta poco atractiva, sino porque nos está diciendo que la piscina ha perdido el equilibrio químico que debería mantener. Y cuando eso sucede, los problemas no tardan en llegar.
Las algas son esas viejas conocidas del agua estancada
Aunque no siempre las vemos, las algas están en todas partes, son parte del entorno natural y basta una ligera corriente de aire para que una espora termine en nuestra piscina. El problema no es su presencia, sino que encuentren las condiciones ideales para multiplicarse y eso ocurre cuando falta cloro, la desinfección es insuficiente o la filtración falla.
El calor y el sol hacen el resto, la luz solar actúa como catalizador y las temperaturas elevadas aceleran el proceso. En apenas 24 o 48 horas, una piscina aparentemente limpia puede volverse turbia, viscosa y tomar un tono verdoso que recuerda más a un estanque que a un espacio para bañarse.

El agua verde puede ser peligrosa
Aunque parezca exagerado, nadar en una piscina verde puede ser arriesgado, no tanto por las algas en sí, que rara vez son nocivas para la salud humana, sino por lo que su presencia representa: una pérdida del control químico del agua.
Con bajos niveles de cloro, cualquier microorganismo puede prosperar y eso incluye bacterias como la E. coli o la Pseudomonas, asociadas a infecciones de piel, oídos o incluso respiratorias. Por eso, cuando el agua cambia de color, lo más sensato es dejar de bañarse y ponerse manos a la obra para restaurar su equilibrio.
No siempre son algas y puede haber otras causas del agua verde
Aunque en la mayoría de casos el culpable son las algas, no hay que descartar otros factores, en algunas ocasiones, especialmente si se usa agua de pozo o de origen mineral, el color verde puede deberse a la presencia de metales, como el cobre o el hierro.
Cuando se aplica cloro en una piscina con alto contenido metálico, puede producirse una reacción química que tiñe el agua de verde o incluso de marrón. En esos casos, el tratamiento habitual con alguicidas no sirve: se necesitan productos específicos para eliminar metales disueltos y evitar que se oxiden.
Otro enemigo silencioso es un mal mantenimiento del sistema de filtración, si el filtro no se limpia con regularidad o si no funciona el tiempo suficiente especialmente en verano, cuando la piscina se usa más, el agua no circula correctamente y se convierte en caldo de cultivo para algas, bacterias y otros residuos orgánicos.
La química del agua
Mantener una piscina en buen estado no se reduce a echar cloro de vez en cuando, es imprescindible controlar el pH, que debe mantenerse entre 7,2 y 7,6 para que el cloro funcione correctamente. Si el pH es demasiado alto, el cloro pierde efectividad; si es muy bajo, puede dañar las superficies de la piscina e irritar los ojos o la piel de los bañistas.
También hay que vigilar la alcalinidad, el nivel de estabilizante (ácido cianúrico, si se usa cloro estabilizado), y asegurarse de que la dureza del agua esté dentro de los parámetros, un descuido en cualquiera de estos valores puede abrir la puerta a problemas mayores, y entre ellos, el color verde del agua es uno de los más visibles.
¿Qué hacer si ya es demasiado tarde?
Cuando la piscina ya está verde, no queda más remedio que actuar, cepillar bien las paredes y el fondo, hacer un tratamiento de choque con cloro, mantener el filtro funcionando muchas horas seguidas y, si es necesario, usar un floculante para arrastrar la suciedad al fondo.
Lo importante es no conformarse con «que parezca limpia»: si no se corrige la causa de fondo, el problema volverá a aparecer. Y peor aún, cada ciclo de limpieza parcial va dejando residuos, que a largo plazo pueden dañar la instalación.
Una tarea constante pero que vale la pena
Tener una piscina limpia y cristalina no es fruto del azar ni de un producto milagroso, es el resultado de un control regular, una vigilancia atenta y, sobre todo, de entender que el agua es un sistema vivo. Si lo cuidamos, nos lo devuelve con creces y si lo descuidamos, nos lo recuerda… tiñéndose de verde.

