Aunque la palabra hipoteca suene a compromiso a largo plazo, cada vez más personas están valorando sus opciones con mucho cuidado antes de lanzarse a firmar nada. Y no es para menos: el mercado hipotecario ha cambiado bastante en los últimos años, con nuevas modalidades que se adaptan a distintas situaciones personales. Ya no todo gira en torno a la típica hipoteca a 30 años con un interés fijo o variable. Hay muchas más alternativas, algunas que hasta hace poco parecían impensables, y otras que ganan adeptos por la situación económica actual.
Hipotecas fijas y variables, una elección clásica pero que sigue vigente
Aunque pueda sonar aburrido, las hipotecas fijas y variables siguen siendo las reinas del mercado. Las fijas, porque ofrecen una cuota que no cambia, lo que da bastante tranquilidad a quienes no quieren sorpresas mes a mes. Y las variables, porque normalmente arrancan con intereses más bajos, aunque luego dependen del euríbor y pueden dar un susto si sube.
En los últimos tiempos, las hipotecas fijas han tenido un auge importante. Con el euríbor tan volátil, mucha gente prefiere pagar un poco más al principio, pero saber que no se les va a disparar la cuota. Las entidades bancarias también han reforzado su oferta de fijas para captar ese perfil de cliente que busca estabilidad.
Las mixtas también tienen su público: ofrecen un tipo fijo durante los primeros años y luego pasan a variable. Pueden ser una opción interesante si se espera vender o cambiar de casa en menos de una década, porque se aprovecha ese periodo de estabilidad inicial sin asumir el riesgo de las variaciones futuras.
La hipoteca del 100%, una opción en auge entre los más jóvenes
Una de las más solicitadas actualmente, en especial por quienes están comprando su primera vivienda, es la llamada hipoteca del 100%. Aunque no todos los bancos la ofrecen, y suele estar condicionada a que el comprador tenga un perfil solvente o cuente con un aval, lo cierto es que se ha convertido en una tabla de salvación para quienes no tienen ahorros suficientes para cubrir el 20% que normalmente exige la entrada.
Esta opción no es nueva, pero en tiempos donde el precio de la vivienda no para de subir y los sueldos no siempre acompañan, ha vuelto a estar en boca de muchos. Además, algunas entidades la ofrecen si la vivienda es de su propiedad, lo que facilita todo el proceso.
Eso sí, hay que ir con ojo: financiar el 100% puede parecer la solución perfecta, pero también implica pagar más intereses a largo plazo y asumir una mayor deuda desde el principio. Aun así, para muchos compensa si lo que buscan es independizarse cuanto antes.
Hipoteca para reforma, una alternativa para quienes no quieren mudarse
No todo el mundo quiere comprarse una casa nueva. De hecho, muchas personas optan por quedarse donde están y darle una segunda vida a su hogar. En esos casos, la hipoteca para reforma es una opción muy atractiva. Permite financiar las obras necesarias sin tener que recurrir a un préstamo personal, que suele tener intereses más altos y plazos más cortos.
Este tipo de hipoteca ha ganado adeptos entre quienes heredan una vivienda antigua, compran un piso para reformar y revender, o simplemente quieren adaptar su casa a nuevas necesidades (como montar una oficina en casa o hacerla más eficiente energéticamente). Además, algunas entidades incluso ofrecen bonificaciones si se demuestra que la reforma mejora la eficiencia del inmueble.
Como ventaja adicional, permite desgravar ciertos gastos si se cumplen determinadas condiciones fiscales, lo que la hace aún más interesante. Y aunque requiere algo más de papeleo (como presentar presupuestos y licencias), para muchos merece la pena el esfuerzo.
Las hipotecas para segunda residencia, más presentes de lo que parece
Aunque pueda sorprender, las hipotecas para segunda residencia tienen bastante demanda. Ya sea porque se busca una casa en la playa, en la montaña o simplemente fuera del bullicio urbano, muchas familias españolas se lanzan a esta aventura.
Eso sí, las condiciones suelen ser más exigentes que para la vivienda habitual. Normalmente, se financia un porcentaje menor (en torno al 60-70%) y se exige una mayor solvencia económica. Aun así, hay quienes aprovechan oportunidades de mercado o propiedades familiares para adquirir esa segunda vivienda.
A pesar de las restricciones, sigue habiendo bancos que compiten por este tipo de cliente, ofreciendo condiciones atractivas si el perfil lo permite. Y aunque no esté entre las hipotecas más comunes, su presencia en el mercado es más habitual de lo que parece.
El empuje de las hipotecas verdes
Otro tipo que ha empezado a ganar peso en el mercado son las llamadas hipotecas verdes. Están pensadas para inmuebles que tienen alta eficiencia energética o para aquellos que se van a reformar con criterios sostenibles. Algunos bancos ofrecen tipos más bajos o mejores condiciones si se demuestra que la vivienda cumple ciertos estándares medioambientales.
Aunque todavía no son las más populares, el interés por ellas va en aumento, sobre todo entre compradores jóvenes preocupados por el medio ambiente o personas que buscan ahorrar a largo plazo en consumos energéticos. Además, encajan muy bien con programas de ayudas europeas o nacionales que incentivan este tipo de construcciones o reformas.

