Aviana Machnes tiene 14 años, cursa noveno grado en Montreal y acaba de ganar su feria regional de ciencias con un invento que surgió de un problema muy cercano: su abuela, diagnosticada con demencia en fase temprana, olvidó una noche que había dejado un cazo encendido en el fogón.
Ante la ausencia de soluciones comerciales que respondieran a esa situación concreta, Machnes decidió crear una ella misma. El resultado es el dispositivo que bautizó como Forget-Me-Not, un sistema basado en sensores de corriente eléctrica y detectores de movimiento que activa automáticamente una alarma cuando no detecta presencia humana en la cocina durante un periodo prolongado de tiempo.
El proyecto no solo le valió el primer puesto en su feria regional de ciencias, superando a estudiantes de cursos superiores, sino que Machnes ya trabaja en patentar el sistema junto con una aplicación para teléfonos móviles. Su intención es que el dispositivo pueda instalarse en residencias de mayores y centros de atención a largo plazo.
Jesse Clair, uno de sus profesores de ciencias, describió el trabajo de Machnes como un ejemplo notable de cómo, incluso en el entorno escolar, los alumnos pueden enfrentarse a problemas reales del mundo con herramientas concretas y soluciones prácticas.
La necesidad que cubre el invento no es menor. La demencia afecta a millones de personas en todo el mundo y la seguridad en el hogar es una de las principales preocupaciones para las familias y los cuidadores. Las tareas cotidianas como cocinar pueden volverse peligrosas cuando los lapsos de memoria se vuelven frecuentes. Dispositivos como el de Machnes buscan ofrecer una capa de protección sin eliminar la autonomía del paciente.
La investigación científica avanza en paralelo. En los últimos años se han desarrollado nuevos fármacos y cambios en los hábitos de vida que podrían ralentizar el deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer en etapas iniciales. Los avances en neuroimagen también han mejorado la detección temprana, ampliando el margen de tiempo para planificar tratamientos.
La historia de Machnes se suma a una tradición de proyectos escolares que acabaron encontrando aplicaciones reales. Desde sistemas de alerta temprana para infartos hasta purificadores de agua de bajo coste adaptados a comunidades sin acceso a agua potable, las ferias de ciencias han demostrado ser un espacio donde la experiencia personal puede convertirse en solución colectiva.

