Diecisiete años después de su último título, y tras múltiples fracasos, el Tottenham Hotspur ha roto su maldición y se ha proclamado campeón de la Europa League. Lo hizo en una final deslucida y tensa, marcada más por el temor a perder que por el deseo de vencer, imponiéndose por 1-0 al Manchester United gracias a un autogol de Luke Shaw —aunque el tanto fue concedido a Brennan Johnson.
El escenario fue San Mamés, empañado por los altercados previos protagonizados por aficionados ingleses en Bilbao. Dos históricos en horas bajas, tanto Tottenham como United afrontaban la final como una tabla de salvación: no solo para maquillar una temporada en la que ambos flirtearon con el descenso, sino también para asegurarse un billete a la próxima Champions League.
El arranque del partido fue tan frío como previsible. Ninguno quiso arriesgar, y las oportunidades llegaron a cuentagotas. Los Spurs lo intentaron primero en un córner, invalidado por falta en ataque sobre Harry Maguire. El United respondió tras una presión alta de Hojlund, aunque Bruno Fernandes no logró concretar la acción.
El conjunto de Erik ten Hag monopolizó la posesión en varios tramos, pero sus errores en salida —especialmente de Maguire— generaron más peligro en su propia área que en la del rival. Tottenham no supo capitalizar esos fallos, pese a la insistencia de Solanke y Richarlison.
Amad Diallo fue el más activo del United, generando tres llegadas con disparos cruzados tras jugadas ensayadas, aunque ninguna terminó en gol. Y justo antes del descanso, llegó la acción decisiva: centro lateral de Sarr, toque de Johnson y desvío desafortunado con el brazo de Shaw que acabó dentro. El árbitro lo otorgó a Johnson, pero el autogol fue clave.
En la segunda mitad, el Tottenham optó por encerrarse y resistir. Cedió la iniciativa al United, que mostró muy poca claridad en ataque hasta la entrada de Garnacho. El argentino revolucionó el tramo final, obligando a Vicario a intervenir con una gran parada tras un potente disparo cruzado. Antes, Van de Ven había salvado sobre la línea un cabezazo de Hojlund que parecía gol cantado.
En los minutos finales, los red devils lo intentaron con todo, y Shaw tuvo el empate en el último suspiro, pero Vicario volvió a erigirse como héroe para sellar la victoria. El pitido final desató la euforia: el Tottenham, campeón de la Europa League por tercera vez en su historia, volvía a saborear la gloria tras casi dos décadas de espera.

