Bentley ha vuelto a redefinir el concepto de exclusividad con una opción estética que, por sí sola, supera el precio de numerosos vehículos completos. Se trata del acabado Ombré by Mulliner, una pintura artesanal que debuta por primera vez en la berlina Bentley Flying Spur y cuyo coste ronda los 55.000 euros.
La firma británica, sinónimo de lujo hecho a mano, traslada a su berlina más sofisticada una técnica de pintura que hasta ahora solo se había aplicado en modelos coupé. El resultado es un degradado cromático extremadamente complejo, en el que dos colores se funden de forma progresiva desde el frontal hasta la zaga del vehículo, creando un efecto visual único y prácticamente irrepetible.
Un Flying Spur a la altura de su acabado
Más allá de esta llamativa pintura, el Flying Spur estrena generación con una profunda actualización técnica. Su carrocería hace un uso extensivo del aluminio y se apoya en sistemas avanzados como dirección a las cuatro ruedas, tracción total activa y faros LED matriciales con efecto cristal. Todo ello refuerza su posición como una de las berlinas de lujo más avanzadas del mercado.
En el apartado mecánico, Bentley apuesta por la electrificación. El modelo adopta una configuración híbrida enchufable que combina un motor V8 de 4,0 litros con un propulsor eléctrico de 140 kW, alcanzando una potencia conjunta de 680 caballos y un par máximo de 930 Nm.
60 horas de trabajo artesanal por unidad
El verdadero protagonista, sin embargo, es el proceso de pintura Ombré by Mulliner. Bentley confirma que cada unidad se pinta completamente a mano en su conocida “Dream Factory” de Crewe, en el Reino Unido. Dos técnicos especializados dedican cerca de 60 horas a cada coche para lograr un degradado perfecto y homogéneo a lo largo de paneles, puertas, techo y faldones.
El proceso comienza con la aplicación de los colores base en las zonas delantera y trasera. A partir de ahí, los tonos se mezclan progresivamente hasta conseguir una transición suave y precisa. La dificultad reside en que cada pintura responde de forma distinta según su pigmentación y densidad, lo que hace que no existan dos Flying Spur Ombré exactamente iguales.
Colores cuidadosamente elegidos… y muy caros
Bentley ofrece inicialmente tres combinaciones cromáticas: Topaz Blue con Windsor Blue; Sunburst Gold con Orange Flame; y Tungsten con Onyx. La elección no es casual: la marca ha evitado mezclas que puedan generar tonalidades no deseadas durante el fundido.
La exclusividad tiene un precio acorde. El acabado Ombré by Mulliner cuesta 48.000 libras esterlinas —unos 55.000 euros— como opción adicional al precio base del vehículo. Una cifra que sitúa esta pintura entre las más caras de la industria del automóvil y que, literalmente, equivale al coste de un coche nuevo de gama media.
En Bentley lo tienen claro: no se trata solo de un color, sino de una obra artesanal sobre ruedas pensada para clientes que buscan algo irrepetible, aunque ello suponga pagar más por la pintura que por el coche de muchos conductores.

