Está en casi todos los jeans del mundo. Es pequeño, incómodo y aparentemente inútil. La mayoría de la gente lo ignora o, en el mejor de los casos, mete ahí una moneda que luego tiene que pescar con dos dedos. Pero ese bolsillito tiene más historia que muchas prendas enteras.
Todo empieza en 1873, en San Francisco, cuando Levi Strauss y Jacob Davis patentaron los primeros pantalones vaqueros. La prenda no nació como icono de la moda sino como ropa de trabajo: tela denim, resistente y barata, pensada para los mineros de la fiebre del oro, los carpinteros y los vaqueros del Lejano Oeste que necesitaban una prenda que aguantara jornadas brutales sin descoserse. Los llamaban waist overalls y tenían cuatro bolsillos. Uno de ellos era ese pequeño compartimento cosido dentro del bolsillo derecho, al que llamaban watch pocket. El bolsillo del reloj.
En el siglo XIX, el reloj de bolsillo era uno de los objetos más valiosos que podía tener un trabajador. No era un capricho: era una herramienta para coordinar turnos, desplazamientos y jornadas laborales en un mundo sin teléfonos ni relojes en las muñecas. El problema era guardarlo. En los bolsillos convencionales se golpeaba, se rayaba y era vulnerable a los robos. El watch pocket resolvía todo eso con elegancia: tamaño exacto para un reloj estándar, protegido dentro del bolsillo grande y pegado al cuerpo. La historiadora de Levi Strauss, Tracey Panek, lo ha descrito como uno de los elementos definitorios del diseño original de la marca, presente desde los primeros modelos comercializados.
La función duró décadas. Pero después de la Primera Guerra Mundial, los relojes de pulsera comenzaron a imponerse entre los soldados, que los preferían por ser más prácticos en combate, y la costumbre se extendió rápidamente a la vida civil. El reloj de bolsillo fue quedando obsoleto y con él, la razón de ser del pequeño compartimento. Sin embargo, nadie lo eliminó. Los fabricantes lo mantuvieron, primero por inercia, luego por tradición y finalmente porque se había convertido en una seña de identidad del pantalón vaquero.
A lo largo del siglo XX, mientras los jeans pasaban de ser ropa de minero a prenda urbana, el bolsillito fue mutando de función sin que nadie lo decidiera conscientemente. Monedas, cerillas, una pastilla, un mechero. Hoy, en la era de los smartphones, resulta más inútil que nunca: demasiado pequeño para cualquier cosa relevante. Y aun así, sigue ahí.
Vale la pena recordar también que el diseño original de los vaqueros solo contaba con un bolsillo trasero. El segundo no llegó hasta 1901, lo que convierte oficialmente al watch pocket en el quinto bolsillo del conjunto. Un detalle menor que dice mucho sobre cómo evolucionó una prenda que empezó siendo ropa de trabajo y acabó convirtiéndose en una de las piezas más universales de la historia de la moda, con un bolsillito inútil incluido.

