Claire Hobson, maquilladora profesional residente en Reino Unido, perdió a su perro Patch después de 20 años juntos. Cuando supo que iba a mudarse a Dubái y que tendría que meter las cenizas en una maleta, descartó la idea. Quería llevarlo de otra manera. Como maquilladora, tenía claro qué tipo de tatuaje quería hacerse, y pensó que nadie le impedía mezclar los restos de Patch con la tinta.
Su tatuadora aceptó sin pensárselo demasiado. Acababa de perder también a su mascota y entendió el gesto a la primera. Con una pequeña parte de las cenizas, le tatuó el delineado permanente de ojos.
El único inconveniente es que este tipo de tatuajes necesitan retoques con el tiempo. Hobson ya lo tiene pensado: cuando llegue ese momento, usará más cenizas. Para ella, después de dos décadas de compañía incondicional, era la forma de asegurarse de que Patch seguiría con ella más tiempo todavía.

