El 30 de marzo, coincidiendo con su 58 cumpleaños, Celine Dion publicó un vídeo en sus redes sociales con el anuncio que millones de seguidores llevaban años esperando: vuelve. La cantante canadiense ofrecerá diez conciertos en el París La Défense Arena entre el 12 de septiembre y el 14 de octubre de 2026, su primera residencia de gran formato desde que en 2022 reveló que padecía el síndrome de la persona rígida, una enfermedad neurológica autoinmune e incurable que provoca rigidez muscular progresiva, afecta a la movilidad y, en su caso, también al control de las cuerdas vocales.
La reacción del público fue fulminante. En menos de 24 horas de abrir la preinscripción para la preventa, ya se habían registrado más de un millón de personas. Al cierre del plazo, la cifra alcanzó los nueve millones de inscritos en todo el mundo, un récord sin precedentes en la industria musical. La demanda fue tan brutal que el aforo del recinto —unos 40.000 espectadores por noche— obligó a ampliar la programación con seis fechas adicionales, hasta sumar dieciséis conciertos.
En el vídeo del anuncio, grabado bajo las luces de la Torre Eiffel, Dion aparece entera y emocionada: «Estoy bien, me siento fuerte, estoy cantando de nuevo, incluso bailando un poco». No es la primera vez que aparece en público desde su diagnóstico: en 2024 ya conmocionó al mundo interpretando el Hymne à l’amour de Edith Piaf desde lo alto de la Torre Eiffel durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París, bajo una lluvia intensa y ante una audiencia global. Pero aquellos minutos fueron una aparición. Esto es otra cosa.

