Angela Lipps, de 50 años y abuela de cinco nietos, cuidaba a cuatro niños en su casa de Tennessee el 14 de julio del año pasado cuando agentes de policía armados llegaron y la detuvieron a punta de pistola. Las autoridades la trasladaron como fugitiva vinculada a una investigación por fraude bancario en Dakota del Norte, un estado a más de 1.600 kilómetros de distancia que Lipps asegura no haber visitado jamás.
Lipps declaró a los investigadores que había vivido prácticamente toda su vida en el centro-norte de Tennessee y que nunca había viajado en avión. Eso no impidió que la policía de Fargo, Dakota del Norte, obtuviera una orden de arresto firmada contra ella por varios cargos, entre ellos robo como delito grave y uso no autorizado de información de identificación personal, también calificado como delito grave.
La investigación tenía su origen en una serie de casos registrados en abril y mayo de 2025, en los que una mujer utilizó una identificación militar falsa del Ejército de los Estados Unidos para retirar decenas de miles de dólares de distintas entidades bancarias. Los investigadores aplicaron un software de reconocimiento facial sobre imágenes de cámaras de vigilancia y señalaron a Lipps como la principal sospechosa.
El Departamento de Policía de West Fargo reconoció ante la cadena CNN que el sistema de inteligencia artificial empleado «identificó a una posible sospechosa con rasgos similares a los de Angela Lipps». Con esa sola coincidencia algorítmica, las autoridades procedieron a detenerla.
«Si lo único que tienes es el reconocimiento facial, quizás deberías investigar un poco más», señaló el abogado de Lipps a la emisora WDAY News.
Tras pasar más de tres meses recluida en una cárcel de Tennessee, Lipps fue trasladada en avión a Dakota del Norte a finales de octubre de 2025, donde volvió a ser encarcelada. El 23 de diciembre, el detective encargado del caso, la fiscalía estatal y el juez que había firmado la orden de arresto acordaron desestimar los cargos sin perjuicio de una investigación posterior. Para entonces, el abogado de Lipps ya había presentado sus extractos bancarios, que demostraban sin lugar a dudas que ella se encontraba en Tennessee, a unos 1.900 kilómetros del lugar de los hechos, cuando se cometieron los delitos.
Angela Lipps fue puesta en libertad en Dakota del Norte la víspera de Navidad, sin que nadie le ofreciera una disculpa. Quedó sola en un lugar desconocido, sin medios para regresar a casa. Su abogado costeó una habitación de hotel y comida durante la Nochebuena y el día de Navidad, y una organización sin ánimo de lucro sufragó finalmente su vuelo de regreso.
Las consecuencias del encarcelamiento no se limitaron al trauma y la humillación sufridos durante esos casi seis meses. Lipps perdió su vivienda y sus mascotas al no poder afrontar el pago de sus facturas. Sus abogados estudian actualmente posibles acciones por vulneración de derechos civiles, aunque de momento no han presentado ninguna demanda.
«Solo me alegra que haya terminado», declaró Lipps a WDAY. «Nunca volveré a Dakota del Norte.»

